Lapida

Lapida
Lápida en Basílica de Santa Ursula en Colonia, Alemania

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cosalá, Santa Ursula y las 11 mil vírgenes

Cosalá, Pueblo Mágico en Sinaloa, México

 
 
El territorio donde actualmente se ubica Cosalá, estuvo ocupado por pueblos prehispánicos principalmente por los grupos indígenas Tepehuanes, Acaxees y Xiximies; testimonio de esta civilización lo encontramos en diversos petroglifos y pinturas rupestres que se pueden apreciar en varias regiones del municipio. En ruta contraria a la peregrinación azteca, llegaron los españoles acompañados de nativos aliados, y en agosto de 1531 hallaron un bello lugar llamado Quetzalla o Cozatl, "Lugar de bellos alrededores" y "Lugar de Guacamayas", en el cual inmediatamente pudieron constatar la existencia de una gran riqueza mineral.
 
Los misioneros Fray Juan de Herrera y Fray Pablo de Acevedo, evangelizadores de América, le dieron el nombre al pueblo que comenzaba a erigirse y a los asentamientos mineros que empezaban a constituirse, como “Real de Minas de Nuestra Señora de las Once Mil Vírgenes de Cosalá”. En los años iniciales de la conquista, Cosalá era un territorio que formaba parte de la provincia de Culiacán, los naturales y los territorios sometidos fueron asignados en encomienda a los soldados españoles, a la sublevación indígena dichos territorios eran convertidos en corregimientos. La provincia de Culiacán formo parte desde su establecimiento del reino de Nueva Galicia cuya capital fue Guadalajara, por tanto Cosalá dependió de dicha audiencia. Existen informes originados en 1605 por parte del Obispo Alonso de Mota y Escobar, describiendo la existencia en el Real de las Vírgenes de Cosalá de dos haciendas de beneficio.
 
Es la minería el referente y el símbolo de mayor identidad de Cosalá, por lo cual en los dos escudos conocidos del municipio se encuentran representados los implementos utilizados para la actividad minera, en el más antiguo en su cuartel superior derecho aparece un machete, un pico y una pala, ilustrando las herramientas mineras, mientras que en el escudo vigente, en su segundo cuadrante se lee el número 11,000 y la silueta de la iglesia de Santa Ursula. En su tercer cuartel se describe: en campo de sable en centro, sol radiante de 16 rayos alternados de oro, el disco solar: carga en palo, con pico de minero, y en faja, una pala. El principal objetivo de los conquistadores españoles fue la extracción de metales preciosos y para ello fundaron asentamientos en lugares poco accesibles y con una topografía irregular, los Reales de Minas.

Cosalá conserva intacta su traza urbana en forma de plato roto, la forma y ancho de sus calles y banquetas así como la altura de estas últimas, no ha sufrido modificaciones. Su arquitectura a nivel de fachadas e interiores se conserva en más del 90% y se están realizando trabajos de rescate en búsqueda de alcanzar un 100%.

La arquitectura de Cosalá surge de la naturaleza y se integra perfectamente a ella, con patios interiores y gruesos muros de adobe que representan la solución al problema del clima, ya que durante la época de verano e invierno son espacios con una temperatura agradable. La arquitectura de Cosalá no solo se integra al medio natural, sino que surge y es parte de él.

Uno de los enigmas de Cosalá es la presencia de fantasmas en muchos de sus vetustos edificios. Así lo señala la tradición oral que a través de los siglos ha venido señalando los lugares de las apariciones y los detalles de los mismos.


En Cosalá existen atractivos históricos, culturales y naturales, algunos de los principales son en el Centro Histórico la zona de Monumentos, El kiosco, la Plaza de Armas y el Templo de Santa Ursula, la Capilla de la Virgen de Guadalupe, el Convento Jesuita, el convento Franciscano, la Casa del Palacio Federal en la época de la Reforma, La Chinche, el Callejón Luis Pérez Meza, exquisito rincón colonial, La Quinta Minera representativa de lo más lujoso de la época y el Palacio Municipa. Así como la iglesia de San Francisco Javier, La Capilla de Guadalupe, la Parroquia de Santa Ursula.
 
 

Cosalá cuenta con varios balnearios que por su belleza son inolvidables; uno de ellos es "Vado Hondo", a 15 kilómetros de Cosalá, es un hermoso lugar para recrearse disfrutando de una cascada y un lago entre profusa vegetación, ideal para pasar un día de campo. Si se desea practicar la pesca deportiva, a unos 20 kilómetros de Cosalá, se encuentra la presa "José López Portillo". Para los amantes del excursionismo se encuentra "La Gruta México", capricho de la naturaleza, se localiza al noreste de la cabecera municipal, en la parte alta del cerro de el "Palmar de los Fonseca". Hacia el norte de la cabecera municipal se encuentra el poblado el "Cajón de Tapacoya", donde existen inscripciones de petroglifos de culturas ancestrales. Los distritos mineros de "Guadalupe de los Reyes" y de "Nuestra Señora", son una razón más de interés turístico.

Cosalá se caracteriza por poseer una diversidad de manifestaciones culturales que son resultado de su historia centenaria, del fruto de su mestizaje y del esfuerzo de su gente por conservar las costumbres de sus antepasados. Una de estas expresiones es el espectáculo del que se puede participar año con año en la víspera del día de la Virgen de Guadalupe, cuando miles y miles de velas son encendidas y colocadas en las banquetas de las calles, en puertas y ventanas, para delimitar e iluminar el paso de la virgen por las serpenteadas calles de la ciudad.

La artesanía de mayor tradición esta representada por la talabartería, actividad que por siglos se ha venido realizando y perfeccionando principalmente en la vecina comunidad de El Rodeo. También en la misma comunidad, existen talleres domésticos donde se elaboran hamacas, bolsas y otros artículos de fibra de ixtle.

La gastronomía cosalteca es rica y variada, destacando las moliendas de caña con todos sus subproductos, la elaboración de conservas de frutas, pan, empanadas, dulce de leche, machaca, chorizo, queso, tamales y guisos regionales, que resultan una delicia al paladar y que pueden ser saboreados en los restaurantes y demás sitios de venta de alimentos.

Qué visitar en Cosalá Pueblo Mágico Sinaloa


Transitar por las calles de este pueblo magnífico, es hacer un paseo retrospectivo a través de 500 años de historia. El edificio más antiguo del lugar, es la Capilla de Guadalupe, misma que antes era nombrada como Iglesia de San Francisco Javier. Esta construcción data del periodo comprendido entre 1600 y 1700 y de entre los materiales que incluye su estructura, destacan el adobe y la cantera. Otros de los atractivos con los que cuenta Cosalá son la Quinta Minera, que nos muestra el lujo que llegó a tener el lugar en su momento de mayor prosperidad; el Palacio Municipal, una elegante mansión, muy grata de contemplar y la Casa de Don Francisco Iriarte Conde, de igual manera admirable y localizada a un costado del Palacio Municipal.

Los diferentes monumentos históricos con los que cuenta Cosalá, pueden ser las escalas de un ameno paseo que culmine con el bello Templo de Santa Úrsula, construido en 1730 por la Compañía de Jesús. Exhibe una notable construcción de corte neoclásico e incluye un curioso reloj de sol, elaborado en piedra. También es aconsejable, conocer los métodos y lugares para la molienda de caña de azúcar. Para este fin, recomendamos visitar Higueras de Padilla, donde se conservan instalaciones y utensilios antiguos, enfocados a la elaboración de muchos productos derivados de la caña de azúcar molida.


Información relevante acerca de Cosalá Pueblo Mágico Sinaloa


Las fiestas populares más significativas de Cosalá, se realizan por ejemplo, del 22 al 24 de junio, cuando se celebra la Feria de San Juan y para ello, se efectúan carreras hípicas, palenques y cabalgatas.

También atractivo es el 6 de octubre, fecha en la que se realiza el festejo por el Aniversario de Pueblo Mágico, el cual incluye espectáculos de fuegos artificiales y eventos culturales diversos.

Además, el 21 de octubre tiene lugar el Día de Santa Úrsula, la patrona de Cosalá, y para celebrarla, se llevan a cabo distintos eventos religiosos y de esparcimiento.

A finales de año, del 10 al 12 de diciembre, el pueblo se viste de gala por la Fiesta a la Virgen de Guadalupe. De entre lo más bello de estas celebraciones, hay que ponderar las miles de velas que se encienden en las calles, ventanas y puertas. También abundan los cohetes, "castillos" pirotécnicos y las tradicionales serenatas.
 
 
HISTORIA
 

Alrededor del siglo XVI, los españoles bautizaron a Cosalá como "Real Minas de la Limpia Concepción de las Once Mil Vírgenes" y le asignaron como patrona del pueblo a Santa Ursula, lo cual establecía una relación congruente con la versiones que consignan hechos protagonizados por Santa Ursula y las once mil vírgenes.
 
En relación con lo anterior, el cronista Jorge A. Macias Gutiérrez aporta una síntesis de la cual se extractan los siguientes datos:
 
Santa Ursula fué la hija de un rey Cristiano de Bretaña, en el noroeste de Francia, siendo una mujer sabia y bella, que había aceptado casarse con un príncie hijo del rey de Inglaterra. La fecha del matrimonio se fijó con tres años de plazo y como condición se puso la de formar su séquito con diez compañeras nobles de su misma edad, por ella seleccionadas y con mil vírgenes para cada una de sus compañeras nobles, mas once embarcaciones. La santa mártir dirigió a dicho grupo de muchachas conocidas como antes se dijo, las cuales murieron por defender su religion y su castidad.
 
Ursula aprovechó los tres años de plazo para salir en peregrinación por mar a Roma, acompañada de sus once mil vírgenes. Durante los tres años en que viajaron por mar aprendió el arte de la navegación, sufriendo peripecias y peligros. Una tempestad la obligó a desembarcar en Tiel, en la desembocadura del río Rin.
 
Llegó a Roma después de ruzar los Alpes a pié, y al regreso de Roma a Colonia, los Hunos asesinaron a las once mil vírgenes y a ella, al rechazar las pretensiones matrimoniales del rey de los Hunos, fue también cruelmente inmolada con un flechazo en el corazón.
 
Cristóbal Coló, en su Segundo viaje a Amrica, navegando hacia el noroeste, reivindicó la leyenda de Santa Ursula en 1493, cuando rumbo a la isla La Española (Santo Domingo- Haiti), encontró multiotud de islas a las que bautizó como "Las once mil vírgenes" y a la isla mayor como Santa Ursula.
 
Donald S. Johnson relata que cuando preparaba su libro sobre la cartografía del atlántico norte, descubrió en los mapas muchos espacios vacíos que, por falta de información, eran llenados con islas fantasmas que nunca existieron. Una isla con el nombre de Santa Ursula nunca apareció en un mapa, sin embargo sus once mil acompañantes fueron registradas en los mapas de Contino en 1502, que las indentificó como "Onze vírgenes" y que en los mapas modernos aparecen como "Islas Vírgenes".
 
Así mismo, el nombre de "Once mil Vírgenes" no es el de ninguna mina en especial en Cosala, sino de todo el real de minas, donde las minas más famosas por su riqueza fueron Guadalupe de los Reyes, descubierta el 12 de diciembre de 1800, y años mas tarde, La Estaca y La Descubridora, con sus vetas de San Nicolás, Veta Grande, San Juan Nepomuceno y otras explotadas en esos años por Francisco Basilio de Iriarte.
 
Desde el punto de vista de la hagiografía, el binomio "Santa Ursula y las once mil vírgenes" recibió una atinada remembranza en Cosalá, Sinaloa.
 
Antes de esa denominación, y según refiere el ingeniero Pablo Lizárraga Arámburo, Cosalá en el siglo XVI fue conocida con varios nombres, entre los cuales se conocen los siguientes: Cochalá, Quetzalá, Quitzalé, Quazala, Cazalá y Coyazalá.
 
 
 
 
 
 

Tazón con escenas de la Leyenda de Santa Úrsula

El Museo de Arte Walters en Baltimore, Maryland es reconocido internacionalmente por su colección de arte. La colección presenta una visión general del arte mundial desde la pre-dinástica de Egipto a la Europa del siglo 20, y cuenta entre sus muchos tesoros de la escultura griega y sarcófagos romanos; marfiles medievales y pinturas de antiguos maestros; Joyas de Art Nouveau y obras maestras americanas y europeas del siglo 19.

Tazón con Escenas de la Leyenda de Santa Úrsula
http://art.thewalters.org/detail/6988/bowl-with-scenes-from-the-legend-of-st-ursula/
 


La narración de las imágenes de esta pieza cuenta la historia de Santa Úrsula y sus 11.000 compañeras, que se embarcaron en un viaje piadoso de Inglaterra al continente sólo para ser recibidos por los hunos en Colonia para ser sacrificadas. Ursula fue advertida de su muerte inminente, según la leyenda, pero voluntariamente aceptó el martirio para unirse al reino de los cielos. La narración se ejecuta de una manera sencilla y atractiva. El viaje de Úrsula y sus compañeras hace eco de la progresión narrativa alrededor del tazón a medida que se gira, para seguir la historia. 


La dimensión cinética de la composición de las figuras probablemente habría sido hecho de esta manera para contar la leyenda de la santa de forma más memorable que la simple recitación. De hecho, algunos estudiosos han sugerido que los vasos de bronce de este tipo podrían haber sido utilizados para la enseñanza, mientras que otros sostienen que podrían haber desempeñado un papel litúrgico en el lavado de manos realizado por monjas. En este último caso, el océano arremolinado atravesado por Ursula debe haber parecido muy realista cuando se ve a través del agua ondulante que llenaba al tazón.






















Procedencia del tazón: M.E.G. Reidy Venta, Londres 19 de julio de 1929; Bacri, París; Léon Gruel, París; Henry Walters, Baltimore, por compra; Museo de Arte Walters, 1931, por legado.

Esta pieza es de un artista alemán desconocido, de alrededor del siglo XII, en la edad medieval. El tazón es de una aleación de cobre y mide H: 2 9/16 x Diam: 11 5/16 in. (6.5 x 28.7 cm)
 



Inscripciones [Transcripción] Grabado en el borde de la taza:
DESPONSANDA DAT HIS RESPONSIO BLANDA / VIRGINEO Q[UE] GRAVES MITTIT PC AGMINE NAVES / POSTQUA[M] TURBA RUDIS FUIT HIS EXERCITA LUDIS CARBASA PANDUNTUR AGRIP[P]INA Q[UE] FERUNTUR / QUE LOCA VIRGINEIS DISCUNT SACRANDA TROPHEIS / HINC VIA DIRGITUR QUA MOX BASILEA SUBITUR;

[Traducción] La prometida da una respuesta favorable / Él envía grandes naves para la multitud de jóvenes mujeres / Después que la inculta multitude fué entrenada en estos juegos, las velas son izadas transportándolas a Agrippina [Colonia] / Este lugar que enseñan se hizo sagrado por el triunfo de las vírgenes / de aquí tomaron el camino directo de Basilea;

[Transcripción] Grabado en el borde alrededor de la medalion centro:

[UR]S[U]LA SOLLICITE SACRA DISCIT DOGMATA VITAE

[Traducción] Ursula enseña con entusiasmo el santo dogma de la vida.





Colección de memorias en honor a Santa Ursula 1819

La red municipal de bibliotecas de Córdoba, en España, (biblioteca.ayuncordoba.es/ ) ha publicado un interesante libro conteniendo una  "Colección de varias memorias en honor de la gloriosa Santa Ursula, virgen y mártir y de sus compañeras, las once mil vírgenes y mártires", obra del Capitan retirado Don Pedro María Heredia y Río, publicada en Córdoba en el año 1819. Contenido 86 páginas.




 En esta obra se encuentran los siguientes temas:

1- Semón del Padre Juan Thaulero, en la fiesta de Santa Ursula y su sagrada compañía.
2- Semón de San Alberto Magno en la fiesta de las once mil vírgenes
3- Carta sobre el martirio de Santa Ursula y compañeras, crítica al poema de Camoens.
4- Citas en esta carta del Padre Agustín, del padre Basilio y del Padre Cornelio Alapide.
5- Rasgo épico de Camoens sobre Santa Ursula, reformado.
6- El martirio de Santa Ursula por Bartolomé Cayrasco de Figueroa.
7- Adición a la poesía de Cayrasco sobre la compañía de santa Ursula.
8- Sermón de Dionisio Cartuxano sobre las once mil vírgenes.
9- Visiones de Santa Isabel sobre las once mil vírgenes.
10- Oficio antíguo en el convent de Caleruega, sobre Santa Orofigia, virgin y mártir.
11- Reflexiones sobre este oficio de Santa Orofigia.
12- Oficio actual de Santa Córdula y Santa Candida, en la iglesia de Tortosa.
13- Reflexiones sobre algunos oficios de Santa Ursula y compañeras.
14- Oficio antíguo benediction de las santas, del año 1502.
15- Oficio actual de la santa iglesia de Burgos.
16- Oficio antíguo benediction del año 1542.
17- Lección única en el actual breviario del Carmen de observancia.
18- Oficio actual de la Compañía de Jesús y de la Orden de San Francisco.

 
Este es el link para leer el libro en línea:
 
Para descargar este libro en format PDF, desde la dirección anterior seleccionar el menu compartir, haciendo luego click en descargar.
 
 
 

Santa Ursula en la Plaza de San Pedro en el Vaticano


La Plaza de San Pedro (Piazza San Pietro, en italiano), se encuentra situada en la Ciudad del Vaticano, dentro de la ciudad y capital italiana de Roma y precede, a modo de gran sala períptera, a la Basílica de San Pedro, el magno templo del catolicismo. Fue enteramente proyectada por Gian Lorenzo Bernini entre 1656 y 1667.



A la plaza se accede desde la Via della Conciliazione y muestra, al fondo, la magnífica fachada de la Basílica de San Pedro; esta vía comienza en el largo Giovanni XXIII, muy cerca del castillo de Sant'Angelo, junto al río Tíber, pasando al final por la plaza Pío XII.

La plaza es una gran explanada trapezoidal que se ensancha lateralmente mediante dos pasajes, con forma elíptica, de columnatas rematadas en una balaustrada sobre la que se asientan las figuras de ciento cuarenta santos de diversas épocas y lugares.

Entrando en esa plaza y arriba a mano derecha, se encuentra la estatua de Santa Ursula en el lugar noveno, entre las imagines de Santa Agatha y de Santa Clara, según se muestra en el siguiente mapa:

 

Esto representa la importancia del culto y devoción a Santa Ursula, ya que se seleccionaron para esa columnata a 140 personajes representativos de la vida cristiana, para que sirvieran de ejemplo a seguir a todos los cristianos del mundo.

La obra original era parte de un grupo de 16 estatuas erigidas entre julio y diciembre 1668. La estatua actual de Santa Ursula es obra del escultor Agustín Cornacchini. La estatua original fue destruida por un rayo el 05 de octubre de 1753. Fue reconstruida al año siguiente por Cornacchini.

La imagen tiene 3,1 m. de altura (10 pies con 4 pulgadas) y está hecha de travertino (roca sedimentaria). Santa Ursula se muestra envuelta en una gran capa. Su mano izquierda apoya la palma del martirio, mientras su derecha sostiene una bandera, ahora fragmentaria.

Ella estaba entre un grupo de santas vírgenes que fueron asesinados en Colonia. Debido a la falta de información definitiva, su conmemoración fue omitida en el Calendario general romano cuando fue revisado en 1969, pero se mantuvo en el Martirologio Romano

 
 
La devoción a Santa Ursula se mantiene viva a lo largo y ancho de un mundo que cada vez se vuelve más incrédulo, pero los milagros por la intercesión de esta gran mujer continúan generando más fé para la Gloria de Nuestro Señor Jesucristo.

 
 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Castrillo de Matajudíos, España

SANTA ÚRSULA Y LAS ONCE MIL VIRGENES por César Justel   

(publicado en Magazine de La Vanguardia)
La leyenda de la vida de Santa Úrsula, patrona de varias localidades españolas se remonta a tiempos de Atila y se extendió en la edad media.
                    
10_21_CASTRILLO_DE_MATAJUDIOS_Burgos_besando_la_reliquia.jpg
 El 21 de octubre está dedicado a la festividad de Santa Úrsula, a quien se celebra en varias lugares, en alguno de las cuales se conservan reliquias tanto de ellas como de sus compañeras, conocidas como las once mil vírgenes. Si se diera crédito histórico a la famosa leyenda, tema frecuente de inspiración de pintores del barroco, habría que pensar que eran mujeres hombrunas ya que fueron ellas quienes libraron la ciudad de Colonia del cerco de los hunos cuyo jefe, Atila, quiso quedarse con la capitana Úrsula. La duda es que en Colonia –posible escenario de los hechos- no se recuerda tal cantidad de vírgenes.

1350305388133-SANTA_URESULA_CASTRILLO_DE_MATAJUDIOS_Burgos_.jpgPara reconstruir su historia hay que acudir a libros litúrgicos. En realidad debieron ser cinco, ocho u once, y los nombres más seguros: Ursula, Sencia, Gregoria, Pinnosa, Martha, Saula, Brítula, Saturnina, Rabacia, Saturia y Palladia. Es mucho más tarde de su supuesto martirio cuando se empieza a hablar del número “once mil”. Algunos investigadores dicen que eran Ursula y Undecimilia y este nombre al traducirse dio origen al error. La versión más creíble es que Úrsula era la hija de un rey cristiano de la Gran Bretaña pedida en matrimonio por Holofernes, rey pagano. Deseando permanecer virgen obtuvo un plazo de tres años para ir a Roma, tomando a diez vírgenes como compañeras, llevando cada una otras 1.000 como ayudantes. Al volver a Colonia fueron martirizadas por los hunos. Hasta aquí la posible historia.

1350305265021-10_21_CASTRILLO_DE_MATAJUDIOS_Burgos_salida_iglesia.jpgEspaña fue uno de los primeros países que recibió en 1223 reliquias de ellas a través de los cistercienses. La Orden de las Ursulinas, fundada en 1535 por Santa Angela de Merici, dedicada principalmente a la educación de jóvenes, contribuyó a propagar por el mundo el nombre y su culto. En el hospital de San Juan, en Brujas, hay una caja de reliquias de Úrsula y las Once Mil Vírgenes. Tiene un metro de longitud, una altura de 87 centímetros y un ancho de 33 y muestra con escenas de la leyenda

En España el que conserva las reliquias más importantes es el pequeño lugar de Castrillo de Matajudios en la provincia burgalesa de donde es patrona. Castrillo, a 4 kilómetros de Castrojeriz, no llega a los cien habitantes. Su nombre antiguo era Castrillo Mota de Judíos, porque existía un barrio habitado por estos. Dicho barrio fue arrasado y por ello quedó el nombre de matajudíos. Respecto a cómo llegó aquí la reliquia de Santa Úsula se debió a Antonio Cabezón nacido en el lugar y que fue ministro de Felipe II. La procesión con la imagen sale el mismo día 21 a las cinco de la tarde y durante todo el recorrido se bailan jotas ante ella.

10_21_CASTRILLO_DE_MATAJUDIOS_Burgos_procesi_n.jpg
 
 
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Historia y teología del martirio. Parte II

Este artículo es la continuación de la historia del Martirio. Parte I

Artículo tomado de la Biblioteca Católica Digital del sitio web www.mercaba.org




II. Espiritualidad del martirio en la actualidad
El martirio no se introdujo en el mundo espiritual cristiano con la muerte de Esteban por obra del sanedrín ni concluyó con la paz constantiniana. Aunque históricamente el "martirio" ha sido una prerrogativa de los creyentes a quienes su fidelidad a Cristo les ha costado la vida, el valor semántico del término es más amplio. Como ya se ha indicado la noción de "testimonio" más fundamental y primitiva, incluye la de martirio. El testimonio connatural a la fe cristiana, en cuanto que ésta implica atestiguar aquella verdad no abstracta sino concreta que para el cristiano se identifica con la persona y la historia de Jesús. ¿Es connatural también el martirio? El martirio da más bien la impresión de ser una modalidad contingente del testimonio, destinada a desaparecer en donde prevalezcan la tolerancia civil, el principio de la libertad de conciencia y los valores del pluralismo.

Si tomamos por base el uso lingüístico, tenemos una indicación favorable a la actualidad del testimonio. En efecto, mientras que el "testimonio" goza de todas las simpatías de los cristianos de nuestro tiempo (incluso hasta llegar a una inflación del término en el ámbito de las espiritualidades activistas), el "martirio" es mirado más bien con desinterés; más como un fenómeno del pasado que como un hecho sintomático del presente. Es sabido que en la época patrística, y sobre todo en los dos primeros siglos, el mártir constituyó el modelo del cristiano perfecto. Hoy, a pesar de todo el interés por un cristianismo testimonial, no sabríamos construir una espiritualidad cristiana sobre el martirio.

A algunos esta marginación del martirio del horizonte espiritual del cristiano les parece sospechosa. Apenas clausurado el Vat. 11, la voz de un conocido teólogo recordaba a la comunidad católica, entusiasmada por el diálogo con el mundo, la realidad del martirio como "caso serio" de la fe cristiana. Hans Urs von Balthasar señalaba polémicamente en Cordula —la joven de que nos habla la leyenda de las once mil vírgenes; habiendo huido al principio de la muerte, salió luego espontáneamente de su escondite y se ofreció voluntariamente al martirio— la antítesis de muchos cristianos contemporáneos. Su principal cargo contra ellos es que han dejado de considerar el cristianismo como un "caso serio" (esta expresión, traducción literal del alemán Ernstfall, es incapaz de recoger todas las resonancias del original; indica el elemento esencial de una Weltanschauung que afecta existencialmente al individuo y, por tanto, al compromiso absoluto con que éste responde a una percepción nueva de la realidad, o también el caso de emergencia en que es preciso jugarse el todo por el todo). El olvido de la "seriedad" del caso planteado por la cruz y la resurrección de Cristo provocaría la atenuación del misterio, la pérdida de la identidad cristiana. la huida hacia un mañana utópico ante el futuro del mundo; junto con la disponibilidad para el martirio, los cristianos modernos habrían perdido también el legítimo orgullo del nombre cristiano, prefiriendo el anonimato.

La liquidación del martirio no entraba en las intenciones del concilio. Además del texto de la LG 42 —citado por H. U. von Balthasar al comienzo de su libro—, que presenta el martirio como una perspectiva siempre abierta para la Iglesia de Cristo, se podría recordar la declaración sobre la libertad religiosa, en donde se exhorta a los cristianos a "difundir la luz de la vida con toda confianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el derramamiento de sangre" (DH 14). Contra aquellos cristianos que identifican la tarea de la hora presente con la adaptación del mundo, el teólogo de Basilea reconoce como voluntad del concilio la "exposición inerme de la Iglesia al mundo. Demolición de las fortalezas; los baluartes allanados y convertidos en caminos. Y esto sin ninguna idea escondida de un nuevo triunfalismo, una vez que el antiguo se ha hecho impracticable. No se piense que, cuando los caballos de batalla de la santa Inquisición o del Santo Oficio hayan sido eliminados, se podrá entrar en la celestial Jerusalén cabalgando sobre el manso borriquillo de la evolución, agitando palmas". La puesta al día de la Iglesia no debería mirar, por consiguiente, a la eliminación definitiva del martirio en la vida espiritual del cristiano, sino más bien a un martirio que resulta casi obvio.

Puede ser oportuna esta apelación a la "seriedad" de la fe cristiana y al martirio, que es su sello. Pero no ha de entenderse como propuesta del cristiano como mártir en el sentido de un modelo heroico. La época en que vivimos no es ya un mundo de héroes, aunque sigan siendo actuales algunas características de lo que en el pasado era patrimonio de los héroes. Si consideramos heroico lo que depende de una habilidad excepcional, desarrollada mediante un esfuerzo extraordinario, encontramos también en nuestra cultura figuras eminentes que suscitan la admiración común. Sin embargo, desde este ángulo visual nos cerramos todas las posibilidades de comprender lo que es típico del santo cristiano. La vida del santo no es una hazaña de grandeza humana, sino una hazaña del Dios de la alianza. No se trata de celebrar la grandeza del hombre. sino de anunciar la fidelidad de Dios. El uso apologético de mala calidad, como autocelebración de la comunidad confesional, que puede hacerse del heroísmo de los santos —especialmente el de los mártires—, muere apenas nace cuando pensamos que la Iglesia es tan poco dueña de los santos como lo es de la palabra de Dios. No puede servirse de ellos para su propia glorificación ni por motivo alguno de triunfalismo y autocomplacencia. Por tanto, no está en manos de la Iglesia programar los martirios. Incluso la autocandidatura al "martirio" —en sus formas más blandas del vituperio o de la discriminación— de los grupos integristas resulta sospechosa; en todo caso, no puede pretender ser la única forma de vivir consecuentemente el compromiso cristiano. En cambio es plenamente legítimo acentuar la fortaleza como virtud que acompaña y hace posible la fe. Hoy lo mismo que ayer. No se trata de volver a proponer con Nietzsche un superhombre que viva "peligrosamente"; lo que importa es llevar una vida "buena". Pues bien, desde hace veinte siglos, en la tradición cultural de Occidente la vida del hombre éticamente realizado se ve a través de un espectro de cuatro colores, constituido por las virtudes de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Todas las fuerzas originales del Occidente —griegos y romanos, judíos y cristianos— han contribuido a la puesta a punto de este esquema de la estructura ética que le permite al hombre realizarse. Al aceptarlo, la teología cristiana admitía que el bien no se realiza por sí solo, sino que requiere el esfuerzo del individuo dispuesto a luchar y, si es preciso, a sacrificarse por ello. En los casos límite puede inclusoexigirse la renuncia a la vida. En el filón tradicional de Occidente esta perspectiva ha producido el principio de la libertad de conciencia y una consideración reverencia) de quienes sufren violencia por su fidelidad a unos principios éticos y religiosos. Para la religión de la libertad de conciencia son mártires tanto Sócrates como Cristo. Ambos realizaron un ideal de bondad-verdad-belleza y se adhirieron a él con fortaleza; fue más fácil arrancarlos de la vida que de aquel mundo de valores.

Desde el principio, los cristianos tomaron conciencia de que con el mismo acto con que se adherían a Cristo tenían que enfrentarse con el "siglo", dado que en él actuaban "potencias" contrarias a la salvación que Dios les ofrecía en Cristo. La muerte misma de Jesús, el "mártir" por excelencia, fue vista como el resultado trágico de una lucha entre fuerzas antagónicas. La fortaleza necesaria a los testigos de la fe no imita el cuño del heroísmo; lo vemos en el estilo con que se da el testimonio. La fuerza de los testigos no es la de un arco que se tensa, sino más bien la de un salto de agua que brota irrefrenable. Puestos en situación de choque frontal con las potencias antievangélicas, demuestran confianza, seguridad gozosa, orgullo. Dos términos griegos se utilizaron especialmente para expresar esta novedad cristiana: parresía y káuehesis. La parresía se manifiesta exteriormente en el comportamiento del que puesto en pie, con la frente alta, habla abiertamente, con plena libertad de lenguaje, de su encuentro con la "potencia"; interiormente le da al testigomártir una seguridad indefectible para anunciar con toda libertad la palabra de Dios. De ese encuentro nace la consagración leal a la palabra misma. Reflejo de esa confianza es la káuehesis, esto es, el hecho de gloriarse de algo después de haber hecho de ello el fundamento de las propias opciones existenciales.

Los cristianos han visto siempre en este comportamiento no tanto una grandeza ética que proponer como modelo a unos pocos hombres fuertes, capaces de asumirlo como propio, cuanto una vivencia mística, esto es, una experiencia interior y personal de la salvación. Freud afirmó que la mayor parte del heroísmo se deriva de la convicción instintiva de que "nada puede pasarme a mí". El intentaba desenmascarar en este tipo de comportamiento un narcisismo ingenuo, propio del "yo" que no se ha enfrentado todavía con el "principio de la realidad". Pero quizá su observación sea también verdadera en un sentido más profundo, que no tenía en cuenta el padre del psicoanálisis. La experiencia personal de la salvación amplía los limites del propio "yo"; en este "yo" más grande experimenta el creyente un sentimiento de preservación, de tutela, de garantía segura. A diferencia de lo que sucede en el ideal heroico, el testigo de la fe no se refiere a su propia virtud individual, sino a la "fuerza" con la que se siente en íntima comunión. En esa realidad más grande con la que se confunde su "yo", la muerte no es ya el mal mayor; ni siquiera es realmente un mal. Pablo nos dejó la celebración lírica más impresionante de esta confianza interior del creyente; casi una fotografía interior de una fe abierta al martirio (cf Rom 8,35-39).

El carácter particular, místico más que ético, de la fortaleza cristiana justifica el vinculo esencial que hay entre el cristianismo y el martirio. Al mismo tiempo, nos permite especificar en qué sentido es actual para los cristianos del s. xx el recuerdo del martirio. No se trata de desempolvar los modelos heroicos del pasado ni de instigar a un grupo confesional contra los principios civiles de la tolerancia y del pluralismo. Lo que sí resulta legítimo y urgente es defender una profesión del cristianismo basada en la experiencia personal de la salvación más que en referencias culturales. Como diría Von Balthasar, el cristianismo que da mártires no es el de los "profesores", sino el de los confesores. Donde se encuentra y se experimenta la salvación, el cristianismo es el "caso serio"; si no, puede ser todo lo más un "caso interesante".

El martirio, en cuanto habitus permanente de una auténtica espiritualidad cristiana, lleva, por tanto, al creyente a preguntarse en qué está basada su propia fe. Un motivo ulterior de la actualidad de la reflexión sobre el martirio es el valor kerigmático que todavía posee en la actualidad. Valor kerigmático, no apologético. El martirio anuncia un mundo nuevo futuro, pero ya sustancialmente presente. La predicación cristiana no recorre el camino de la conversión moral, como hizo Juan Bautista, ni el de la previsión de la catástrofe cósmica, como hacía la apocalíptica judía. La predicación del reino de Dios que hizo Jesús partió del anuncio de las bienaventuranzas. Y también el martirio es una bienaventuranza: "Bienaventurados seréis cuando os injurien, persigan y, mintiendo, digan todo mal contra vosotros por causa mía. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos. Pues también persiguieron a los profetas antes que a vosotros" (Mt 5,11-12).

El martirio se convierte en signo del reino de Dios sólo en la lógica de las bienaventuranzas. Su contenido es una felicidad que tiene a la esperanza como dimensión esencial, ya que participa de la tensión entre el "ya" y el "todavía no", que es propia del reino de Dios. La felicidad del cristiano está basada en una promesa. Los que son declarados "dichosos" en las bienaventuranzas no lo son en virtud de su situación, sino como consecuencia de la voluntad de Dios de reservarles el reino. Ni la pobreza, ni el hambre, ni la aflicción, ni el martirio dan la bienaventuranza. Sólo la condición nueva que seguirá al derrumbamiento del desorden actual hará de los desheredados de hoy los destinatarios de la riqueza del reino, en el que Dios saciará el hambre y enjugará las lágrimas. El anuncio de una bienaventuranza ligada a los estados de pobreza, de tristeza, de opresión violenta sólo es posible en un horizonte de esperanza escatológica. Sin ésta, sentirse felices en esas situaciones sería un verdadero masoquismo y favorecería la alienación social. La bienaventuranza en una situación de tribulación tiene un efecto kerigmático: anuncia y señala que las ideologías que mantienen la opresión no son más que tigres de papel.

Los seres humanos tocados por este tipo de bienaventuranza son de un temple especial. Aunque no son protagonistas de una rebelión directa contra' los poderes opresivos, los amenazan mucho más peligrosamente que los revolucionarios. Los mártires protestan contra una situación en la que domina el mal. Pero ven perfectamente que no sólo los oprimidos, sino también los opresores, son víctimas de ese mal. Anticipan de este modo una inversión radical de la condición humana. El vencedor de hoy acabará siendo vencido; no por una revancha del mártir, sino por esa "fuerza" que lo sostiene y que constituye el "yo más grande" al que se ha entregado el mártir; una victoria que no humilla al vencido, sino que lo libera también a él. El martirio es anuncio de la fidelidad de Dios, hecho frente a un mundo en donde la injusticia triunfante se ha convertido en enfermedad endémica e institucionalizada. Tener el martirio ante los ojos significa para la Iglesia de hoy asumir la debida actitud frente al mundo; no la actitud de rendición acomodaticia ni la de la provocación autocomplaciente. Se trata precisamente de la actitud de los mártires de todos los tiempos. que supieron encontrar en la promesa la luz suficiente para caminar al encuentro del Señor que viene, soportando la tribulación y sin interrumpir nunca su canto. El canto de los mártires, ya tengan que soportar la prueba cruenta o la incruenta, es el que entonó antaño Job:

Sé que mi defensor está vivoy que él, el último, sobre el polvo se alzará;

y luego, de mi piel de nuevo revestido,

desde mi carne a Dios tengo que ver.

Aquel a quien veré ha de ser mío,

no a un extraño contemplarán mis ojos;

¡y en mi interior se consumen mis entrañas...! (Job 19.25-27).

S. Spinsanti

BIBL.--Actas de los mártires, Ed. Católica, Madrid 1974.—Arnáiz, E. Pléyade, Perpetuo Socorro, Madrid 1981.—Balthasar, H. U. von. Seriedad con las cosas, Sígueme, Salamanca 1968.—Bataillon, M. Saint-Lu, A, El padre Las Casas y la defensa de los indios, Ariel, Barcelona 1976.—Bethge, E, Dietrich Bonhoeffer. Teólogo, cristiano, hombre actual, Mensajero, Bilbao 1970.—Blas, C. de, Tarancón, obispo y mártir, Naranco, Oviedo 1976.—Boff, L. Testigos de Dios en el corazón del mundo, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1978.—Casaldáliga, P, La muerte que da sentido a mi credo: Diario 1975-1977, Desclée, Bilbao 1977.—Dabais, J, Les martyrologues du moyen áge latin, Brepols. Touruhout 1978.—Gerbeau, H, Martin Luther King, Atenas, Madrid 1979.—Lassier, S, Gandhi y la no-violencia, Paulinas, Madrid 1976.—López Vigil, M, Don Lito del Salvador. Proceso de una fe martirial, Sal Terrae, Santander 1982.—Martínez Núñez, E, Historia de la revolución mexicana. Los mártires de San Juan de Ulua, México 1962.—Montero, A, Historia de la persecución religiosa en España, Ed. Católica, Madrid 1961.—Raguer. H. La espada y la cruz: la Iglesia 1936-1939, Bruguera, Barcelona 1977.—Six, F. X, Charles de Foucauld, Herder, Barcelona 1962.—Sobrino, J, Mons. Romero, verdadero profeta, Desclée, Bilbao 1981.—Véase bibl. de Modelos espirituales.

 
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