De erratas tipográficas y malas lecturas: la curiosa historia detrás de dos de los santos más populares de la Edad Media.
Para entender la leyenda, primero debemos buscar sus cimientos históricos. Como señalaba el estudioso D. Germain Morin a finales del siglo XIX, la búsqueda de la "verdadera historia" de las mártires de Colonia es un laberinto de fuentes contradictorias. Morin argumentaba que para reconstruir los hechos había que descartar las "novelas piadosas" posteriores y atenerse a las pruebas más antiguas y sólidas.
La respuesta está en la ambigüedad de la escritura medieval y en un malentendido que se consagró como verdad.
El Problema: "XI M V"
En algún momento entre los siglos IX y XI, copistas y hagiógrafos que trabajaban con documentos antiguos sobre el culto de Colonia se toparon con una abreviatura latina fundamental: "XI M V".
En el latín medieval, las abreviaturas eran moneda común. La interpretación de este código es la clave de todo:
La Lectura Literal (y Errónea) Medieval: Se leyó como "Undecim Millia Virginum" – es decir, "Once Mil Vírgenes". La "M" se tomó por Millia (miles).
La falta de fuentes contemporáneas.
Y, crucialmente, sugirieron que el número original debía ser mucho menor, señalando directamente la confusión en la abreviatura.
2. El Nacimiento de la Leyenda: La "Coquille" que lo Cambió Todo
Entonces, ¿cómo saltamos de una decena de nombres a la cifra monumental de once mil? Aquí es donde entra en juego el fenómeno de la "coquille".
¿Qué es una "coquille"? En el mundo de la imprenta y la paleografía, una "coquille" (concha, en francés) es un término coloquial para un error tipográfico o de transcripción. El nombre proviene de la época en que los tipógrafos componían los textos con tipos de metal; si una letra pequeña como la "i" o la "l" se caía, decían que parecía una "conchita" en el suelo.
El caso de Santa Úrsula es el ejemplo por excelencia. El origen de la leyenda parece estar en una mala lectura de un manuscrito antiguo. El texto latino original probablemente decía que Santa Úrsula había sido martirizada junto con su fiel compañera, una mujer llamada Undecimilla (un nombre perfectamente plausible en latín tardío).
Pero la historia no termina con la mera corrección de un error. La fuerza de una leyenda es tal que incluso cuando se descubre su origen probable, inspira nuevas y bellas interpretaciones. En el siglo XIX, el erudito y novelista Cardenal Nicholas Wiseman propuso una explicación alternativa que, sin negar el probable error textual, dotaba al número "once mil" de un sentido simbólico y conmovedor.
En su famoso relato, Wiseman imaginó la escena: ante el tribunal romano, la joven y valiente Santa Úrsula declara que sus compañeras son "once mil". Los verdugos, burlones, la toman por loca o mentirosa. Pero luego, al ser interrogadas una a una, cada una de sus compañeras responde con idéntica firmeza: "Somos once mil". ¿Una conspiración absurda? No. Wiseman sugiere que lo que cada virgen proclamaba no era una cifra, sino un principio teológico: "Somos Once-Mil", es decir, "somos de Úrsula" (siendo "Mil" o "Milia" una corrupción o un apelativo de la líder). O, en una lectura más profunda, que cada una, en su martirio, reflejaba la plenitud y multitud de la Iglesia, la Esposa de Cristo. Así, la leyenda dejaba de ser un absurdo numérico para convertirse en un poderoso símbolo de unidad, fidelidad y testimonio colectivo.
Esta interpretación, aunque no histórica, rescata el valor espiritual que la devoción popular había depositado durante siglos en la historia. Muestra cómo, a veces, un error puede dar frutos inesperados de significado.
Escala Bíblica: Recordaba a las multitudes del Evangelio o los ejércitos del Apocalipsis.
Hiperbole Devocional: Expresaba la idea de un "martirio masivo y glorioso" que superaba toda imaginación.
Utilidad Práctica: Justificaba la increíble cantidad de reliquias ("huesos de las 11,000") que se descubrieron y distribuyeron desde Colonia.
El error no se corrigió; se institucionalizó. Se convirtió en la marca de fábrica del culto.
Lo más sorprendente es que este no fue un caso aislado. El mismo texto sobre las "conchas célebres" nos ofrece otro ejemplo paralelo: la leyenda de los compañeros de San Dionisio de París (San Denis).
En los relatos más antiguos de su martirio, las palabras "Rusticus" (Rústico) y "Eleutherius" (Eleuterio) no eran nombres propios, sino epítetos o adjetivos aplicados al propio santo (quizás "el rústico" o "el liberador"). Sin embargo, con el paso del tiempo y las sucesivas copias, estos calificativos se independizaron y se transformaron en dos personajes distintos: San Rústico y San Eleuterio, presentados luego como sus fieles compañeros de martirio. Otra leyenda nacida de una interpretación literal de lo que en origen era una simple descripción.
5 Conclusión: Entre la Historia y la Leyenda
La historia de las Once Mil Vírgenes nos deja una lección fascinante sobre cómo se construye la tradición. Partiendo de un núcleo histórico verosímil (un grupo de mujeres martirizadas en la Colonia romana), la piedad popular, la confusión textual y la imaginación colectiva tejieron una narcción épica que capturó la imaginación medieval.
Lo que comenzó como un probable grupo de once mujeres martirizadas en la Colonia del siglo IV, se transformó, por un desliz paleográfico, en un ejército de once mil. Este salto no fue casual; fue alimentado por la necesidad medieval de grandiosidad, por la economía de las reliquias y, finalmente, por la fuerza de una historia demasiado buena para cuestionar.
- Theodor Lindner, Die Tradition der Ursula-Legende (1888) – El estudio crítico definitivo.
- Nicholas Wiseman, "Essays on Religion and Literature" (1863).

